Todos los días visitaba la misma brasserie, a la misma hora, ocupando la misma mesa, pidiendo idéntico menú, su jarra de vino, y su expresso, para terminar.
Y todos los días reflexionaba, pausadamente, sobre las realidades que le rodeaba.
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| París.Brasserie Marché |
Una maleta cada vez más vacía le esperaba todos los días a la puerta de su casa, desde que Ella decidió abrirla sin molestarse y ni tan siquiera preocuparse en entornarla, una televisión que tan sólo sintonizaba canales para aletargar recuerdos y dormitar anhelos, y una cama, tan grande y helada, que le congelaba la vida, mientras, en vano, con los ojos abiertos, dormitaba.
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| Minutos después |
Antes de marchar se quitaba las gafas, para desenfocar, bajo la esperanza de no ser capaz de ver más allá de sus narices, de nublar aquellas letras que definían su biografía, y afirmar que todo, hasta el Amor, allí en París, era una falacia.
A la vista de todos los demás, se equivocaba







