Me gusta pensar que nuestro
estado de bienestar
descansa, entre otros
aspectos, en lo siguiente:
- Todos los que formamos una sociedad libre y democrática tenemos garantizado el derecho a una educación, porque es imprescindible para la vida y una base para la igualdad de oportunidades.
- Todos los niños y niñas que comparten desde sus primeros días en la guardería, hasta aquellos hombres y mujeres que alcancen la Universidad, se forman para revertir tanto esfuerzo y sacrificio en el bien común, y al fin y al cabo desarrollar unos valores válidos, universales, que desembocan inequívocamente en la felicidad.
- Todos aquellos y aquellas que parten de posiciones desfavorables, por razones económicas, sociales o intelectuales, necesitan y tienen el derecho de la solidaridad y el beneficio de los demás afortunados, ya que – aunque sea únicamente mirado de manera egoísta – el mapa de la pobreza – en sentido amplio – se reduce con la educación. Con nuestros alumnos en el instituto, nos hacemos ricos y aseguramos nuestro futuro.
- Una escuela plural, que proporcione los mecanismos del desarrollo personal, democrática, y valore sus principios colectivos por encima de los individualismos y egoísmos del mercado, centrados en LA PERSONA , y no en los porcentajes y en fuegos de artificio que al finalizar se evaporan, que forma parte y razón de ser de una estructura común, Comunidad Educativa, sobre la que se construye un Barrio, una Ciudad, Humanidad.
Es mi vocación,
Una razón de ser y de
vivir,
Saber que en unos
años
Una parte de esa
semilla
Será reconocible
cuando,
Ya de adultos,
Recordemos las clases
del pasado,
Y me saluden dejando
de ser Maestro
Para ser Tutor de un
nuevo alumnado.
Soy Profesor de la Educación Pública
Y no me cambiaría por
nada
y por nadie en el mundo

