26.11.11

El Rincón De Las Musas

Uno de los aspectos que mayor satisfacción tiene un trabajo como el mío, consiste en comprobar, más veces de lo que pensamos, que "la materia prima" con la que trabajamos, con el paso del tiempo, va dando sus frutos, y en unos pocos, al menos, permiten atisbar que "los productos elaborados " rebosan calidad humana, que al fin y al cabo es lo único importante, y te dejan momentos, instantes, que como una corriente entran por las rutinas, los tímpanos para asentarse dentro, formando parte de ese albúm de imágenes que guardas en un archivo de tu cerebro, cerquita del corazón.

Estos últimos años están siendo fecundos, y para dar cauce a lo que uno siente - y es que los profes también sentimos - me dedico a enmarcar esos momentos, como un modesto homenaje a todo lo que se devuelve - como si tuviera que recibir más allá de lo que a diario en las aulas recibo desde esos pupitres.

En fin, que este es un pequeño homenaje en donde falta lo más importante. La música de Rocío y las letras de Rosalía, dos ex- alumnas que nos obsequiaron el pasado 18 de noviembre, cuando El Rincón de las Musas inundó cada poro de nuestro Instituto y pudimos disfrutar de su arte. Una maravilla para no olvidar.




21.11.11

Harrison Ford

Su nombre fue puesto por un compañero de Chiclana, con mucho arte, que a su vez llamaba así a su Ford Fiesta. El mío, mi Ford Escort, de nombre también Harrison Ford, era de la serie Guía, y he tenido con él una relación muy especial. Fue lo primero "serio" que me compré cuando empecé a trabajar. Recuerdo aquel primer viaje a Ávila. Sin embargo sus ruedas iban a ser sobre todo andaluzas. Lo estrené un 31 de agosto y un mes después estaba allí, flamante, reluciente su color gris plata paseando por las calles de Granada. Aún recuerdo cuando iba en el maletero todas mis posesiones: apenas un montón de papeles, un despertador, dos cajas de ropa y cuatro cosillas más. Al principio se pegaba grandes atracones de kilómetros. Todos los días, cuando menos alrededor de 100, para ir a Íllora, algún que otra excursión para conocer la provincia granaína y los alrededores andaluces, y por supuesto, en navidad, como el turrón, volver a casa, a Pucela.

Tras el paso de los primeros dos años, algún que otro raspón y demás, llegó el momento de sus kilómetros ilimitados. ¿ Cuántas veces habremos recorrido la A92 desde Chiclana hasta Cartagena, saliendo los viernes por la tarde, cantando canciones de The Church, escuchando la Ventana de Gemma Nierga, parándonos en Campillos para tomar un bocadillo, y volviendo, esas tardes de domingo, con el sol cegándonos 5 horas, y escuchando los resultados de los partidos de fútbol ? ¿ Y aquella vez, que la nieve cubría desde el Puerto de la Mora hasta Baza, y tardé lo que no está en los escritos para llegar a Cartagena, sin preocuparme si pudiera el domingo regresar ?

Fueron cinco años de kilómetros, de revisiones cada dos por tres, y de ir acumulando más señas de identidad: la muñeca de los Colossos de Memnón, un euro a cambio de un cacho de trapo y la sonrisa de una niña egipcia, y la mega pija Dora, la Exploradora, que recogí del suelo una tarde maravillosa en el Brooklyn Neoyorkino; La bufanda del Cadiz C.F, otro regalo que simboliza una etapa, y el GPS que rara vez pongo, pero que està guardado en aquella bolsa de plástico tan elegante. A partir de ese final, se acabaron los buenos tiempos, los seguros a todo riesgo, y tus 300.000 kilòmetros recomendaban, cuando menos, que tuvieras una vida màs reposada, mejor.

Y tras 6 años màs, de repente, tu jubilaciòn nos ha sorprendido. Ahora, esta Navidad haràs tu ùltimo viaje a la tierra donde te viò nacer, para quedarte allì, plàcidamente, para hacer cortos desplazamientos de ida y vuelta, y ya no serè quien te lleve, o no seràs tu quien me desplace. Sì, todo llega, y a mi Harrison le ha llegado el momento merecido de parar. Hoy, dìa 21 ha sido sustituido por otro coche, cuyo nombre provisional es Plebeyito, pero hoy màs que nunca te extraño, has sido testigo de tantas cosas importantes para mì, que, ya lo sabes, tù siempre seràs mi coche, y yo aquel loco escritor que empezò una novela que tenìa como co-protagonista a un Ford Escort TD 1900, de 90 cv, serie Guia, llamado, ya lo sabèis, Harrison, y de apellido, no podrìa ser otro que Ford.

18.11.11

Regalos


Boyish se rompió a pedazos en mis brazos,

Skinny era tan blanca que tuve que ponerme gafas de sol,

Normal se fue al equivocarse de puerta,

Y Curvy se desvaneció al momento de despertarme.

Chubby se enfadó al llamarla Chewbacca

Obese me derrotó con su simple sonrisa

Morbid Obesity me recordó una película gore

Y Long Dead la piscina me vació.

Athletic me sacó una larga ventaja

Y Muscular se encargó de arreglarme la cara.


Gracias por vuestros regalos, pero esta semana

En serio, he acabado extenuado.

14.11.11

41

Ek Balam - Yucatán- México


41 años después he visto:

Las noches alcohólicas de Moscú
La belleza de San Petersburgo
La inmortalidad de París
Y el concierto en Angel Street;

La A 92 cientos de veces
Y los mares en todos sus costados;
El corazón del Sureste Asiático por dos veces,
Y el latido yankie y el mexicano norteaméricano.

He vivido en la Alhambra,
La Barrosa, Cartago Nova y Valladolid;
En Keops y La Mezquita Azul,
En las Estancias de Rafael
Y el Panteón Romano,
En Sicilia y su dulce refugio,
Y en Zanzíbar , el hemisferio Sur
Desde donde ver a todos mis alumnos
Aún poniéndome boca abajo.

41 años después he visto
 Y me queda mucho aún por mirar...

Quizá sólo me falte verte a ti.

10.11.11

Marta Etura

Marta Etura, actriz
Mientras Duermes , cultivo primoroso Las Trece Rosas
Que empalidezcan ante la belleza de esa mirada propia
De Eva, el origen de todo lo que anhelamos y fondo del deseo,
Mas al abrir La celda 211desde donde desesperado te contemplo
Mi cielo se vuelve Azuloscurocasinegro
Cuando al abrir tus ojos, por las mañanas,
Dulcemente, ni me contemplas.

En negrita, el título de las películas que he visto a esta
joven actriz que nunca me deja indiferente

6.11.11

Lost In Translation II

Lost in Translation - 2003

2011. Se repitió la lluviosa atmósfera agobiante de Tokio en otra latitud, en otro continente, a otra hora.

Justamente cuando sonaban las tres y mágicamente nos retrasábamos a las dos. La noche carecía de luminosos, apenas dos farolas de luces anaranjadas, pero el fino chirimiri calaba su rostro angelical, sus mechones licuosos goteaban como las puntas del paraguas y, mientras, tras el cristal moteado de agua, él, saboreaba la última calada de un Malboro prohibido, el penúltimo sorbo del Scotch Mist, que con los años él mismo, cuando la noche derrotaba a sus clientes, se preparaba y servía tras la barra.

Ella se atusó el pelo, de la misma manera que plegaba el paraguas, tan transparente como el fondo de sus ojos el segundo, tan húmedo como estaban sus labios el primero, y entró con aparente calma mirando hacia la barra. Al instante, él dispuso un Old Fashioned sobre la barra, 3, 4 , 5 hielos y rellenó con Jhonnie Walker Gold Label hasta el mismo punto que el último cubito se sumergía sutilmente.

- Esta botella te ha estado esperando tanto tiempo que, a menudo, he pensado que iba a ser el último vestigio de este garito - comentó él al tiempo de acercarle el vaso
Ella dirigió el vaso y tras en escueto trago, le miró diciendo - Parece ser que ha merecido la pena llegar hasta aquí -
- ¿ Y ha sido largo el viaje ? - comentó él mientras se servía una nueva copa
- He de reconocer que sí. Tanto como botellas han podido ser servidas en este sitio, sin contar aquellas que tu te hayas llegado a tomar - Comentó al tiempo que una gota recorría la comisura de sus labios dejando su sonrosada sonrisa brillando como cualquier luminoso de Tokio.

Él terminó de saborear su enémisa copa y se acercó tanto a sus labios como había tenido los hielos en su boca anteriormente, pero ella le hizo retroceder con tan solo un ligero pestañear que coincidió con el fuerte golpear de la lluvia sobre los cristales.

- Parece que la lluvia arrecia - dijo él ,creyendo aprovechar el instante metereológico para reparar  la anterior precipitación. ¿ Quieres la última antes de cerrar ?
- No. Me tengo que ir. Desde aquel encuentro en Tokio, sigo errante tras las lluvias - respondió ella al tiempo que recogía el paraguas del suelo y cerraba aquella sonrisa. Y esta tormenta parece que pasa de largo.
- ¿ Y a quien buscas ? - preguntó él, dejando su vaso al borde de la barra segundos antes que se precipitara al suelo.
- Le busco a él. Aquel que sea capaz de no diluirse entre los hielos y saber saborear  mi esencia sin necesidad de ponerme la etiqueta de especial, o gran reserva - respondió abriendo y desapareciendo tras la puerta, al tiempo que una bocanada de aire fresco y húmedo,le dejaba a èl en el mismo sitio, incapaz de poder decir nada.

2.11.11

Ko Rong Saloem

Hoy la cabeza, con estas deseadas lluvias, se me ha ido a la isla de Ko Rong Saloem. Al sur del golfo de Tailandia, en Camboya, hay un rosario de islas, que están prácticamente vírgenes. Después de 2 horas de navegación, por cierto con unas nubes preciosas en el cielo, que arrojaron todo el agua sobre el barquichuelo que nos llevaba y que me hicieron pensar que sería lo último que vería, con tanta ola que hacía saltar el cascarón literalmente al aire, llegamos a Ko Rong Saloem, una isla con forma de C y que el interior de la misma era una inmensa playa de 5 kilómetros y que andabas y andabas, cubriéndote el agua por las rodillas, siendo acompañado únicamente por los cangrejos en la orilla, y los pescaditos que sabrosamente eran devorados en la cena.

Vamos, como la isla de Lost, pero con menos gente. Porque, quitando a 6 personas que eran los que nos mantenían vivos, estábamos solos. A un lado, la playa, y mirando al interior una túpida selva, impenetrable, y que pasaba inadvertida por el día, únicamente se oían algunos pájaros, pero que por la noche, cuando a las 7 de la noche ya era de noche, y a las 10 se apagaba el generador y nos quedábamos totalmente a  oscuras, solo a merced de la luz de la linterna, la selva de la isla adquiría una dimensión de ruidos, sonidos, algunos reconocibles y otros extraños, que te trasmitían una sensación de pequeñez e insignificancia, en esa mota del Océano Índico.

Una de las noches estuvo diluviando, pero a las 6 de la mañana, al abrir las puertas del bungalow, el sol iluminaba el cielo de tal manera que por un momento pensé que estaba en el paraíso. Esa noche la luna nos ofreció un espectáculo maravilloso, pues de noche, las estrellas parecía que brillaban aún pareciendo que era de día.

Así que este día de lluvia me trasladó de nuevo a Ko Rong Saloem. Aquí os dejo dos fotos de este viaje estacional.
Bajo el Embarcadero

La bahía, el pescador y el barquito