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| El Verdadero Cuento De Navidad |
Faltaban escasos minutos para un nuevo año. Nuestra agencia de modelos premiaba con un fin de año, y todos los gastos pagados, en un centro corporal de recuperación integral a escasos kilómetros de Oslo, a los modelos que mayor proyección internacional habían alcanzado en el año. Nuevamente Jon y yo repetíamos por tercer año consecutivo.
- Plebeyo ,vamos a convertir en tradición lo de pasar el fin de año juntos.
- Pero no revueltos - interrumpí consiguiendo arrancarnos una espontánea sonrisa –
Sin embargo, el semblante de John retornaba inmediatamente a una seriedad propia como la que mostraba el lado masculino del Barón Ashler .
- La sauna – leí en un folleto por aquello de romper el silencio – facilita la exfoliación casi de manera natural. Después de su estancia en la Saunanclear ,el tratamiento activo con rocas volcánicas y esponjas marinas logran que tu piel alcance, desde la primera sesión, el retorno a la piel de un recién nacido, tan brillante …
- Oye Plebeyo – afortunadamente Jon me interrumpió en el mismo momento que empezaba a sentirme ridículo con aquel folleto promocional- ¿ puedo contarte una cosa ?
- Le miré con la franqueza suficiente para que él se diera cuenta que me esperaba una conversación mucho más intensa y deseada en la suite, y sin embargo mis labios articularon un – Claro – de lo más convincente.
- Este año me habré liado con más de 30 mujeres, bueno, más o menos como tú, - en esta ocasión mi cara ni se inmutó – he estado cada 5 días tomando un avión y he estado en todos los continentes anunciando gafas, perfumes, desfilando en ropa interior, colecciones de primavera- verano, otoño - invierno, disfrutando de los mejores hoteles del mundo y saboreando los platos de los chefs más consagrados, y sin embargo - ¿ Sabes lo que más deseo ?
- Sin saber aún que responder , Jon me acortó el esfuerzo diciendo: - Quisiera poder tomarme un buen plato de lentejas, vestirme con un chándal cómodo y pasear por la orilla de un río, sin prisas, caminando y viendo como el sol se desplaza de este a oeste por el cielo. Ir al cine y ver una película, aún de estas malas, con una caja de palomitas de más de un kilo. Quisiera convertirme en un personaje anónimo…
De repente, la sauna se cubrió con una espesa capa de vapor de agua que, nos extrañó a los dos , y , de repente sentimos una presencia que , lejos de alertarnos, nos sumió en un placentero y profundo sueño.
Al despertar observé a Jon jugando al baloncesto en una pista entre la calle 24 y la 6 avenida de Nueva York. Rara vez fallaba al entrar a canasta y defendía de manera tan eficaz que en el cuarto que estuvo jugando, ningún rival sumó más de tres canastas. Sudoroso, Jon abandonó la jaula y se dirigió por Broadway hacia el Madison Square Garden. - Sigiloso – a distancia – le seguía preguntándome si estaba despierto o dormido – y entró en un bloque de edificios de la parte más humilde, en torno a Canal Street, junto a una zona repleta de locales y almacenes chinos, degradada.
No pasaron más de diez minutos y Jon, vestido con unos desgastados vaqueros, una gorra de los Nicks, y una camiseta promocional con las siglas NYPD , se dirigió veloz para entrar al doblar la esquina en un local de comida rápida, donde fue recibido con una sonora bronca por un hombre seboso y con cara de pocos amigos. Pasaron unas cuantas horas, y desde fuera oteaba como James Stewart el comportamiento de Jon: limpiar mesas, servir comidas, colocar manteles, sacar las bolsas de la basura, reponer bebidas y alimentos. Algo me sorprendió: en ningún momento perdió la sonrisa.
El sol anunciaba una tarde fría, y mientras que Jon salía del restaurante, aproveché para tomar un café caliente en un Starbucks cercano. Abstraído e incrédulo, apuré la bazofia de café y me disponía a volver a mi particular persecución, cuando, al darme la vuelta, me dí de bruces con Jon , que tan solo me dijo: - Me quedo – al tiempo que se alejaba con su nueva piel color de ébano.
Mi año nuevo se inició entre las piernas de Christine y la mañana siguiente amanecí abrazado al cuerpo de Deborah. Al coger el teléfono, marqué el número de la habitación de Jon, y puedo decir, que en el fondo, deseaba que nunca - jamás - me contestara.
- Ahora se pone -



