
Sonríe, amiga, con naturalidad
para que venzas todos tus problemas,
y no te asustes si en algunos temas
sólo puedes hablar con perplejidad.
Sonríe, amiga, con más facilidad
aunque únicamente existan dilemas,
ya que un día verás en tus emblemas
esa bandera de la felicidad.
Sonríe, amiga, por aligerarme
mi ya cargada y excesiva pena,
y cambiarla por una savia llena
de palabras que puedan alegrarme.
Sonríe, amiga, por tan sólo darme
la oportunidad de dirigirme a ti.
A pesar de los años, este poema es probablemente uno de mis favoritos y hoy, más que nunca, tiene mayor vigencia. A ti, bien lo sabes, te lo dedico.