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| Monumento a Onésimo Redondo |
En el cerro S. Cristóbal, en Valladolid, se alzó un monumento para uno de los "mártires" del bando golpista en el inicio de la Guerra Civil. Onésimo Redondo llevará el honroso título del Caudillo de Castilla, y destacó por su eficacia con sus brigadas del amanecer, encargadas de asesinar a cualquier defensor de la República, Rojos en general.
Cuando vivía en Valladolid, subí varias veces al famoso cerro, que preside la salida este de la ciudad, y desde luego que el monumento, aparte de ruinoso en su estado, nunca me pareció adecuado, ni en su forma ni en su fondo. El típico mazacote con las flechas y esculturas musculosas típicas del estilo fascista, ejemplificado en la Italia de Mussolini. Pero el fondo es terrorífico. Este señor se dedicó a asesinar a todo aquel que difería de sus ideas, y apoyó un golpe de estado contra un gobierno constitutido. Su muerte fue una muestra de su arrogancia, al ir a Labajos, en la cercana Segovia, pensando que había caído en manos de los golpistas, para seguir con su cruzada, y al llegar se metió en un pueblo que aún seguía fiel a la República. Allí se le levantó otro monumento en su honor, probablemente sobre los huesos de aquellos que sufrieron la represión.
Y ahora, en 2016, después de 60 años de su construcción, de 40 de volver a la democracia, parece ser que empieza su demolición. Cambios de gobierno que eliminan símbolos intolerantes. Esperemos que también de políticas que corrijan las barbaridades realizadas en las últimas legislaturas.