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| De la red |
Pensaba que con sus cuerdas, y sus armónicos acordes, tendría canciones para rato.
Comprendió, sin embargo, que era necesario contar con el público para entender que estaba desafinado.
En su primer y postrero concierto, liberó la guitarra para convertirla en macetero, y sus cuerdas, pentagrama donde imaginar sus historias desafinadas.
Y una ducha de serie, cada vez que en la intimidad cantaba.



