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| De la red |
Al pintar el cielo, de variopintos colores, se olvidó que no había paleta para todos los rincones.
Pasó a mirar permanentemente al cielo hasta que, al tropezar con la escalera, descubrió los marrones que cubren nuestros andares, a diario.
Aprendió a descubrir que, entre marrón y marrón, había colores, camuflados y discretos, en el suelo.

