Han pasado días. Tristemente la vorágine en la que vivimos, hará que la barbarie se guarde en la memoria, y sólo se asome cuando la siguiente venga a recordarnos las anteriores.
Poco hay que añadir a lo que hemos sufrido todos. La barbarie no tiene paliativos, ni tan siquiera una mínima comprensión, y por supuesto admirar la entereza del pueblo francés, ejemplificador de aquellos Principios que hicieron nacer para Europa.
Eso sí, no hablo de:
Ese conjunto de representantes políticos que se agrupan para hacerse la foto, y a la mañana siguiente vuelven a comprar el petróleo al estado terrorista islámico, mirar a otro lado en las guerras que se libran ante sus narices, y venden las armas, a usar en los conflictos y atentados.
No hablo de esa extrema derecha que aumenta su presencia y poder en Europa, condenando al diferente, a través del miedo y la demagogia. O de aquellos que hablan de Libertades tras imponer Leyes Mordaza en sus fronteras. O incluso de aquel que practica el genocidio de Palestinos. Tampoco del premio nobel de la paz, acomodado en su segura Casablanca.
Sobra decir que algunos compatriotas nuestros, no están de acuerdo conmigo. Oigo algunas emisoras y canales de televisión que quieren recuperar la cruzada.
Llegan tiempos difíciles, sobre todo para aquellos musulmanes, vecinos nuestros, acosados por los extremistas de uno y otro lado. Aquellos que creyeron que la Libertad, Igualdad y Fraternidad eran Principios Universales.
Para vencer este terrorismo tendremos que considerar nuestros a los asesinados en Siria, Irak, Pakistán, Afganistán, Magreb, Nigeria, Somalia... y las segundas o terceras generaciones asentadas en Europa se identifiquen definitivamente con nosotros. Supongo que por eso los presupuestos de educación y los de eliminar las desigualdades y los guetos, tendrán sus partidas preparadas...