 |
| En el Teatro Romano de Cartagena |
72 horas. Parecen pocas en la inmensidad de un mes, de un trimestre, de un año. A pesar de ser Geógrafo e Historiador, soy muy despistado en lo del tiempo, menos en aquello relacionado con los espacios. Y ya son años, más de un quinquenio, en que nos comentábamos, mutuamente, en esa curiosa manera de conocer a personas que, jamás, pudieras coincidir con las mismas, por simples coordenadas geográficas, o por diferentes dedicaciones, aficiones.
Simplemente porque no se pueden conocer a los 7000 millones que somos.
72 horas. A veces hay que apostar fuerte. La fe no sólo consiste en creer en alguien que no se manifiesta, sino en creer que lo que vas a hacer o lo que te propones - independientemente de cómo resulte - es posible, y desde el mismo momento en que ya es una posibilidad , el convertirse en real, en parte de la realidad y de nuestra realidad, depende, de algunas variables - que con suerte se pueden sortear - y del esfuerzo y entrega con la que te empeñes. Todas esas casualidades - causalidades han ido conjuntándose para crear un universo en mi plano laboral, y en tu faceta literaria, que - con justicia - ha permitido que un conjunto de adolescentes, un buen número de compañeros, y en suma , una pequeña comunidad educativa, haya salido enriquecida por una mañana, de una manera que, sinceramente, dudo yo pueda repetirse en años. En el plano personal, sitúo esa mañana del 7 de febrero como una de las mejores y de mayor satisfacción que puede tener un docente, apasionado por este mundo. Estoy seguro que cuando uno haga balance - de lo realizado en años, en una vida- estará en los primeros puestos.
72 horas. Y en paralelo, ¡ No ! en la misma dimensión, persona, profesor y plebeyo son idénticos, ha significado el encontrarse con alguien que ya existía, desde hace tiempo, dándole cuerpo al rostro, sonido a las palabras y velocidad a los pasos que ya habíamos andado. Nada ha cambiado pero nunca será igual tras esas 72 horas, a la vuelta de nuestros respectivos espacios y mundos cotidianos. Tu esencia me sigue acompañando y se asienta para enriquecer mi día a día, semana a semana, mes a mes y año a año. Mucho tiempo, por tanto, para saberse afortunado, sin Veto alguno.
Gracias, Itzi