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| Grabado de David Roberts 1834 |
Hay instantes de especial intensidad. Son los que apenas te dejan tiempo para nada más. Te ocupan el primer pensamiento de la mañana, cuando apenas se diferencia el limbo de los sueños y la realidad de cada día. Y a lo largo del día, lo sigues dando vueltas y vueltas, hasta que al reencontrarte con la cama, sigues barruntando sobre lo que ha dado sentido al día. Y lo demás, aún existiendo, pasa a un lejano segundo plano.
En mi caso, estas próximas semanas van a tener dos acontecimientos muy especiales. El primero, a pesar de repetido, año tras año, siempre es diferente. El ir a Granada con los alumnos es siempre mágico. Por más que uno conozca y se repita en las historias que cuenta, los viajes cambian al final de actividades, de anécdotas, de alumnos.
Y después, llega una nueva y grata experiencia. Conseguir que una joven escritora - ya mencionada en este lugar - vaya a impartir un taller literario y nos muestre como las redes sociales pueden ser el cauce para fomentar la literatura, significa un reto profesional del todo apasionante.
Es llevar a cabo - quizá - aquellos sueños que uno, de vez en cuando recuerda, para ponerlos en su sitio, que no podría ser otro, sino en el día a día a la luz del sol.