A estas fechas, el cuerpo, y sobre todo la mente, no da más de sí; pasaremos pues a un descanso activo, eso sí escasamente activo, y dedicaremos el tiempo a contemplar mares con el agua aún congelada, paisajes rocosos con matojos poco a poco más amarillentos, alargadas siestas acompañadas de libros poco densos, café con hielo o cervezas con limón, y todo ello sin relojes en muñecas, sin ropajes en el cuerpo, y planificando el día por intuiciones o necesidades básicas.
Es verano y también tocará cambiar de aires, reencontrar espacios y personas y poco a poco despejar lo perentorio de hace un momento para transformarlo en anecdótico hasta la mayor de las relatividades.
Y esperemos que sean suficientes estas palabras, para que sepáis disculpar mi intermitente ausencia estival.
Os dejo un magnífico poema para saborear...
Desconfía de aquellos que te enseñan
listas de nombres, números y fechas
y que siempre repiten modelos de cultura
que son la triste herencia que aborreces.
listas de nombres, números y fechas
y que siempre repiten modelos de cultura
que son la triste herencia que aborreces.
No aprendas sólo cosas, piensa en ellas,
y construye a tu antojo situaciones e imágenes
que rompan la barrera que aseguran existe
entre la realidad y la utopía:
vive en un mundo cóncavo y vacío,
juzga cómo sería una selva quemada,
detén el oleaje de las rompientes,
tiñe de rojo el mar,
sigue unas paralelas hasta que te devuelvan
el punto de partida,
haz aullar a un desierto,
familiarízate con la locura.
y construye a tu antojo situaciones e imágenes
que rompan la barrera que aseguran existe
entre la realidad y la utopía:
vive en un mundo cóncavo y vacío,
juzga cómo sería una selva quemada,
detén el oleaje de las rompientes,
tiñe de rojo el mar,
sigue unas paralelas hasta que te devuelvan
el punto de partida,
haz aullar a un desierto,
familiarízate con la locura.
Después sal a la calle y observa,
es la mejor escuela de tu vida.
es la mejor escuela de tu vida.

