Simplemente se acabó. La Tierra se convirtió en un vestigio inerte, de agua dulce contaminada, vegetación subterránea carente de fotosíntesis e inmensas zonas de radiación donde el mito de las cucarachas era erróneo: ni tan siquiera las más resistentes, sobrevivieron.
Los humanos - con su soberbia adquirida a lo largo de milenios de historia - fueron finalmente víctimas de la misma. Sus pieles artificiales antiradiación empezaron a disolverse al cabo de los 6 meses de su exposición. Los resultados fueron terroríficos. Las pieles artificiales se convirtieron en naturales y los seres humanos se fueron transformando en seres luminosos, a la vez que eran consumidos.
Las grandes ciudades subterráneas donde se refugieron los pocos humanos a salvo de la intoxicación, se fueron colapsando con el tiempo. Algunas no filtraban el aire, otras filtraban aguas contaminadas, y la new tube Europea - afincada en el sureste - fue abnegada por la subida del nivel del mar. Unicamente hubo tiempo para abandonar los últimos el planeta, e invernar durante 50 años en la nave estelar Hogar hasta llegar aquí, a este planeta que por no cometer los mismos errores, o por simple superstición, no lo llamamos Tierra, sino Azul, y que sería nuestro nuevo planeta, donde empezar de nuevo, y dejar atrás la Tierra.
Y nada más de despertar, ya nos dimos cuenta que aquello sería verdaderamente otra historia.