Supuse que el Volar no era tan complejo. Alcé los brazos, a la altura del cuello, y no - sin demasiado esfuerzo - empecé a aletear, hasta alcanzar tan soberbia altura. Siempre entendí que los estrechos de miras, aquellos que no miraban más allá de su propia orilla, jamás comprenderían que detrás de la misma se extiende un enorme continente. Si además osaban prolongar su mirada hacia el horizonte, comprenderían de facto su pequeñez, de lo nimio que es ser playa, acantilado, golfo o bahía. Por eso jamás levantan la vista.
Volar no fue el reto. Ni tan siquiera el saber acompasar la respiración con el aleteo, y el aprender a aprovechar los Alisios que elevaban o el Levante que te proporcionaba velocidad. La experiencia y los buenos consejos te permiten adquirir tales destrezas. Ahora arriba, desde el cielo me permito entender que el Mediterráneo no es más que un hermoso poema descrito entre dos pergaminos, uno de ellos extendido, con diferentes tonos y rebordes rectilíneos, y otro más corpulento, con textura más gruesa y tinta impregnada en el universo temporal de millones de gotas que dejó registradas el tiempo.
Y justo allí , en el Estrecho, el poema se hace verso para ante mis ojos hacerse escrito y arte, capaz de divisarse desde cualquier orilla
Del Cádiz que se encuentre en mí
Y que lo porten siempre ell@s



