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| Plaza Roja de Moscú |
Aquel viaje era la segunda visita a Moscú. Dejar el hotel y atravesar el vestíbulo fue tan fugaz y mágico como trasladarse por la avenida subterránea más bella del mundo. El destino era aquella plaza mítica, espaciosa entre murallas del Kremlin, edificios de imponente porte, mausoleo del líder mitificado y, como si fuera Euro Disney, la belleza de la colorista S. Basilio.
La sensación de esta segunda estancia fue similar a aquella primera. La inmensidad de la plaza se compaginaba con el silencio opaco, con la oscuridad que ganaba la batalla a esos potentes focos que consiguen iluminar - creando una irrealidad fantasmagórica digna de aparecer - como poltergeist - la efigie discursiva de Lenin.
Sin embargo, el corazón palpitaba de manera distinta. Ya no latía por ver las torres almenadas, el cambio de guardia, o los destellos que la lluvia propiciaban al reflejar la luz en los adoquines. Ya no latía por intentar entender el cirílico ,y ni tan siquiera por imaginarse los espectaculares desfiles militares y políticos que servían para ensalzar a la URSS y al PCUS.
La intensidad era la misma. No, miento. Se acrecentaba,con los primeros rayos de luz , al trazar la línea roja que iba a colar mis ojos por debajo de sus piernas, siendo mis latidos, su arquitectura, y su cuerpo, la plaza donde perderse.
Mi querida Zarzamora enriquece esta entrada con su amplia cultural musical...
Me encantó....muchas gracias