Y el miedo paraliza.
Estamos observamos como el Estado de Bienestar se desmorona. Perdón, se desmonta. En esta coyuntura en donde el mercado ha conseguido, de facto, subyugar la decisión de cualquier gobierno, por muy democrático que se crea, el miedo cumple su objetivo. No os voy a contar lo que vemos todos los días: recortes, primas de riesgo, deudas estatales, autonómicas y provinciales por doquier, paro, mucho paro, contratos en precario, reforma laboral y definitivamente asumir que lo construido desde la R. Industrial y la Francesa es pasto de la historia.
¿ Y el papel del miedo ? Ahí está. La derecha mediática recurre a transmitir constantemente que vamos caminito de ser Grecia, que la extrema izquierda agita a las masas para favorecer la destrucción del Estado y/o para quedar en evidencia frente a la Europa civilizada, y que poco más o menos unos pocos delincuentes han hecho manifestaciones ilegales en Valencia, ajustándose a unas reivindicaciones , quizá justificadas por estudiar de más, quiero decir de Marx, o simplemente por tener opinión y capacidad de expresarla. Será solucionada en un nuevo plan de estudios, o simplemente a su definitiva segregación, entre una privada financiada y de supuesta élite, y otra pública, asistencial y marginal.
Por eso, en estos tiempos, la estrategia del miedo es fundamental. Reprimir cualquier reacción, disfrazarla como algo radical y teñirla de que, hagan lo que hagan, no va a servir para nada, es tan importante como el propio desmonte del Estado de Bienestar, a fin de que la resignación sea la tila de donde todos bebamos, y adormilados, aceptemos.
Ardua tarea de todos. Padres, alumnos, docentes, sociedad en general debemos decidir. Yo, por lo pronto, seguiré impartiendo las clases superando las 35 horas actuales, las 37,5 cercanas y futuras, y desde luego que haré que mis alumnos sean los mejores - dentro de sus posibilidades - posibles para que con argumentos puedan - a pesar de los golpes - decidir.
Abramos mentes, no cabezas


