Fue en el 2032 cuando la invención del trasmutador de energía nuclear permitió el alcanzar la velocidad de la luz evitando la desmaterialización de la materia, lo que permitió los viajes interestelares.
Fue en el 2032 cuando la pastilla beta eliminó de la noche a la mañana el hambre del mundo, haciendo prescindible el trabajo en el campo, la deforestación y la especulación en los mercados.
Fue en el 2032 cuando los países del mundo renunciaron de su nacionalidad para aceptar el gobierno del mundo, unas leyes mundiales y un lenguaje común, adherido en un chip en el mismo día de cualquier nacimiento.
Fue en el 2032 cuando la ciencia empezó a resolver las principales enfermedades del ser humano, a través del gen universal, capaz de regenerar todos los órganos vitales y alcanzar una esperanza de vida de más de 300 años.
Fue en el 2032 cuando el nuevo ser, todopoderoso, tecnológico y prácticamente inmortal, dominó el mundo, y fue, justo, en ese mismo instante, cuando recibí el permiso para abandonar el planeta. No pude ocultar, al alejarme definitivamente de la Tierra, mi alegría al saber que representaba el último vestigio de aquello que una vez fue conocido como Humanidad.