Desde el balcón tenebroso de sus labios
Únicamente hay una salida carnosa
Donde perecer devorado.
No cabe posibilidad alguna
Desde sus barrotes epidérmicos
El escapar de sus muerdos
Sin sumergirse en la hora más oscura,
Aquella en la que sus labios quedan sellados
Y los propios se descomponen
Hasta convertirse en mueca iracunda
Y exiliarse de manera ostentosa,
Desfigurándose la boca.
Desfigurándose la boca.

