Hoy la cabeza, con estas deseadas lluvias, se me ha ido a la isla de Ko Rong Saloem. Al sur del golfo de Tailandia, en Camboya, hay un rosario de islas, que están prácticamente vírgenes. Después de 2 horas de navegación, por cierto con unas nubes preciosas en el cielo, que arrojaron todo el agua sobre el barquichuelo que nos llevaba y que me hicieron pensar que sería lo último que vería, con tanta ola que hacía saltar el cascarón literalmente al aire, llegamos a Ko Rong Saloem, una isla con forma de C y que el interior de la misma era una inmensa playa de 5 kilómetros y que andabas y andabas, cubriéndote el agua por las rodillas, siendo acompañado únicamente por los cangrejos en la orilla, y los pescaditos que sabrosamente eran devorados en la cena.
Vamos, como la isla de Lost, pero con menos gente. Porque, quitando a 6 personas que eran los que nos mantenían vivos, estábamos solos. A un lado, la playa, y mirando al interior una túpida selva, impenetrable, y que pasaba inadvertida por el día, únicamente se oían algunos pájaros, pero que por la noche, cuando a las 7 de la noche ya era de noche, y a las 10 se apagaba el generador y nos quedábamos totalmente a oscuras, solo a merced de la luz de la linterna, la selva de la isla adquiría una dimensión de ruidos, sonidos, algunos reconocibles y otros extraños, que te trasmitían una sensación de pequeñez e insignificancia, en esa mota del Océano Índico.
Una de las noches estuvo diluviando, pero a las 6 de la mañana, al abrir las puertas del bungalow, el sol iluminaba el cielo de tal manera que por un momento pensé que estaba en el paraíso. Esa noche la luna nos ofreció un espectáculo maravilloso, pues de noche, las estrellas parecía que brillaban aún pareciendo que era de día.
Así que este día de lluvia me trasladó de nuevo a Ko Rong Saloem. Aquí os dejo dos fotos de este viaje estacional.
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| Bajo el Embarcadero |
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| La bahía, el pescador y el barquito |



