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| Foto de Arkadiusz Łatko |
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Foto de Henri Siberman |
El puente se tendía a sus pies y tan sólo había que cruzarlo.
El respondía a los patrones propios de su origen británico. Elegante, educado, a menudo imbuido en esas tradiciones que el Imperio genéticamente marcó en su manera de expresarse, de mantener las conversaciones más triviales al unísono con las discusiones más acaloradas, admirador del cambio de guardia y riguroso en el té de las cinco. An English Gentleman – dirían en las islas, The perfect Sir.
Un estirado pedante , para todos nosotros.
Ella respondía al prototipo de mujer cosmopolita. Apostaba por ser bailarina, actriz, cabaretera, abandonó la artificial luz de las playas de Santa Mónica pues sabía que en Broadway encontraba sentido su ser. Camarera, tendera, y chica anuncio en Times Square fueron sus primeras escuelas; demócrata, enamorada del Obama´s Style, conoció al Londinense más estirado en uno de sus carreras diarias sobre el Puente de Brooklyn. Desde allí veía todas las luces de Manhattan, las que alguna vez brillarían por ella – pensaba hasta aquel momento , cuando tuvo el encontronazo.
- Perdóneme, señorita –
- Ey perdona dijeron a la vez






