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| Foto de Rebekkagudleifs |
De la discusión se llegó al reto. Si hubieran encontrado armas de destrucción masiva, arsenales nucleares o un ejército dispuesto a invadir a los jeques hermanos, sería yo quien estuviera en esta delicada posición. Con las manos atadas en la espalda, los botones de la camisa desabrochados, dejando caer la camisa sobre los hombros, y probablemente tan excitado que me sobraran los zapatos, los pantalones y solo quisiera notar encima su cuerpo incandescente.
Pero no fue así. No hubo armas, ni quimicas ni nucleares, y los tanques de cartón esta vez a los Yankies no los despistaron. Arrasaron sin miramientos.
Por eso fue ella la que perdió, y fue ella la que notó el duro roce de las ataduras, la gélida bruma al dejar desnudo su cuerpo frente a la ventana marina, y supo, cuando ya no había remedio alguno, que aquella noche iba a ser la última que gozaría en vida.
Por eso fue ella la que perdió, y fue ella la que notó el duro roce de las ataduras, la gélida bruma al dejar desnudo su cuerpo frente a la ventana marina, y supo, cuando ya no había remedio alguno, que aquella noche iba a ser la última que gozaría en vida.
Nunca deseé tanto que los Yankies hubieran tenido razón. - fueron mis últimas frases las que pudo escuchar - Ójala qué hubieran encontrado lo que a todo el mundo dijeron. Pero soy un asesino en serie, y si algo valoro es la palabra.
Y sin mediar palabra, arrasé, como ellos, sin miramientos. Ella era el más hermoso cadáver.
Y sin mediar palabra, arrasé, como ellos, sin miramientos. Ella era el más hermoso cadáver.



