Si tras los parsimoniosos lametones
En la Alberca más bella del mundo,
Arañar los cortinajes de yeso,
Y saltar de arco en arco hasta alcanzar
La techumbre del Salón de Embajadores,
Puedo sentir la presencia sultana
De Yusuf I,
Negaré el patológico miedo gatuno
Al agua, para vivir sumergido
En la Alberca , y recorrer sus Siete Cielos
Hasta que el día se haga anochecer
Maullando aquello dicho por Icaza
" Que no hay nada en el mundo nada
Como la pena de ser ciego en Granada "



