Dos escurridizos faros
Otean impertérritos los océanos
Sin pestañear ni un segundo.
Y ávidos , como piratas, observan:
Sumisos rostros de párpados lacrados,
Pechos turgentes ansiosos de tiento,
Caderas movedizas donde naufragar
Y genitales deseosos de sexo.
Dos faros sin parpadeo alguno
Que como garfios en sus pupilas
Sienten su mirada felina,
Abordada desde la desmesura carnal
Que inunda el horizonte.
No quisieran perderse de vista


