
Buscaba a
Supermán, lo reconozco, aquella escena cuando
Clark Kent, en su luna de miel con
Lois Lane, se lanza sin dudarlo para salvar la vida de aquel imprudente muchacho ( quiero recordar ) que se precipita por las cataratas del Niáraga, directo a una muerte segura, si no fuera por la valentía, decisión, y los superpoderes del hombre de acero.
Y ciertamente, me hubiera encantado haber sido, siquiera media hora, aún engullido en su traje azul y su capa roja, para poner en su sitio a la policía fronteriza de Estados Unidos.

Y es que , ciertamente, tuve un
encuentro en la Tercera Fase, sí, la
conexión yankie fue plena.
El viaje hasta Niágara fue placentero. Un vuelo hasta Buffalo, y desde allí, un coche de alquiler con un GPS que se volvía loco y que se le antojaba que recorriera, una y otra vez, la misma urbanización. Afortunadamente, a la segunda equivocación, decidí seguir todo recto y pronto apareció. Siempre las cataratas me han parecido espectaculares, por la altura, por el ruido, la humedad y esa cortina de agua que no deja, en ningún momento de fluir. Las del Niágara, impresionan creo yo, no por la altura, sino por el volumen de agua y su forma de media luna, que , cuando estás con el barco, cerca de la cascada principal, parece que estás flotando y sumergido a la vez.
Pero, que me enrollo. Resulta que el lado bonito para verlas es el de Canadá. Total, que a la vuelta para entrar en USA, un amable policía solicitó el pasaporte, y su cara, al poco se fue transformando en la del poli malo de
Terminator, fría, con una media sonrisa, y con una frase contundente en
spanglish: aparqué el coche y suba a la segunda planta de la comisaría.
Resulta que, culpa mía, dejé en el hotel de NY un papel verde que indica la fecha de entrada a tan sagrado país, y como no lo llevaba encima, pues estos señores, desconfían hasta si hubieras llevado una camiseta con la foto de todos los presidentes de USA y una gorra con las barras y estrellas. Al subir a la comisaría, observé que era un encuentro de muchos asiáticos y un par de hispanos que pacientemente nos sentamos.
Nos atendió un amable policía americano, de origen hispano:
¿ Cómo llegaste a USA; Dónde estás alojado; cual es la dirección del hotel , cuantos días vas a estar, cómo llegaste a este lugar y para qué has venido...? Parecía un concurso dónde seguro que te ibas a llevar el superbote...claro, que cuando empezó a preguntar:
¿ Tiene intención de quedarse en el país; a qué se dedica en España; ha participado en alguna protesta en contra de Estados Unidos...? ya me di cuenta que iba a perder el concurso y que si no tenía cuidado con las respuestas podría quedarme unas cuántas horas más en aquel bello paraje.
Al final, pagas una multa de 6$ y te dejan marchar. E iba yo tan risueño de haber salido vivo de aquel
Guantánamo fronterizo, en dirección al coche, cuando de repente,
King Kong se reencarnó en polícia de 2 por 2, soltando un alarido por sus fauces, y echando mano a su
magnum con el ademán de revivir los mejores momentos de
Harry el Sucio, caso de que hubiera visto la famosa película. La verdad que me quedé congelado, inmóvil como una estatua, lo miré, y al final, entre gritos, me di cuenta que en vez de ir directo y por el camino más corto a por el coche, debía recorrer un senderillo delimitado con dos lineas blancas, y que en forma de media luna, como la catarata, te hacía llegar al aparcamiento, un minuto después.
Salvado el malentendido, y observando la cara de satisfacción del orangután por el trabajo bien hecho -
lo hacemos por su seguridad - sentenció el memo- según me alejaba de aquel idílico paraje imaginaba su caida, lenta e irreversible por las cataratas del Niagara, mientras que a
Supermán le colocaba un collar de
kriptonita en su cuello, por si hubiera caido - nunca mejor dicho- en la tentación de ir a salvarlo... si hubiera sido Lois Lane, en tal caso lo hubiese dejado, por aquello de que el Amor debe salvar hasta las más altas fallas.