
No soy un gran entendido en arte. Me gusta mucho la arquitectura, y si tuviera que elegir me quedaría con la pintura antes que con la escultura, hablando de manera genérica. Picasso siempre ha sido un pintor que me ha llamado la atención, sobre todo por esa evolución que desde sus primeras etapas ( la Rosa y la Azul ) daban muestras ya de lo que sería sus composiciones más famosas, dentro del cubismo.
En el MOMA de Nueva York he podido ver, creo, el último de los cuadros afamados que aún me quedaban por verlos en directo, y no es otro que el de las Señoritas de Avignon.
Tranquilos, nos os voy a hacer un tratado de arte ( tampoco sabría ) pero lo que más me captó la atención, aparte de esa ruptura con el realismo y ese canon de belleza clásica además de esas máscaras africanas de las mujeres de la derecha, es la contundencia en esas miradas antiguas, procedentes de Egipto e incluso la antigua Iberia, la luminosidad que desprendían los colores combinada con esas lineas negras tan marcadas, y la dignidad en la forma de representar a estas mujeres del oficio más antiguo del mundo.
Estuve un buen rato contemplando el cuadro y al continuar, puedo jurarlo, creo que una de las señoritas, la sentada a la derecha, hizo el ademán de guiñarme un ojo. Estuve por volver la cabeza, pero lo único que hice, mientras me alejaba, fue mirar de reojo y en cierta medida ser una figura cubista, ubicada eso sí, fuera de la composición que es este mundo.
En el MOMA de Nueva York he podido ver, creo, el último de los cuadros afamados que aún me quedaban por verlos en directo, y no es otro que el de las Señoritas de Avignon.
Tranquilos, nos os voy a hacer un tratado de arte ( tampoco sabría ) pero lo que más me captó la atención, aparte de esa ruptura con el realismo y ese canon de belleza clásica además de esas máscaras africanas de las mujeres de la derecha, es la contundencia en esas miradas antiguas, procedentes de Egipto e incluso la antigua Iberia, la luminosidad que desprendían los colores combinada con esas lineas negras tan marcadas, y la dignidad en la forma de representar a estas mujeres del oficio más antiguo del mundo.
Estuve un buen rato contemplando el cuadro y al continuar, puedo jurarlo, creo que una de las señoritas, la sentada a la derecha, hizo el ademán de guiñarme un ojo. Estuve por volver la cabeza, pero lo único que hice, mientras me alejaba, fue mirar de reojo y en cierta medida ser una figura cubista, ubicada eso sí, fuera de la composición que es este mundo.
Dedicado a Ana,
que de arte sabe de sobra
y valora en su justo valor
que de arte sabe de sobra
y valora en su justo valor


