La mañana de los sábados presentaban el mismo ritual: poner la radio y escuchar las noticias que configuraban el fin de semana: tráfico en las principales arterias de salida de la capital; espectáculos de tarde y noche alrededor de la Gran Vía; elecciones en Cataluña y últimas noticias del derby del siglo. Este año parece que sí. Apuesto por un 3 - 2 , a favor de Barcelona.- pensó justo al pegar un brinco y saltar de la cama -
Tras ponerse la camiseta de I love NY de talla XXL, cubriéndole más allá de donde la espalda pierde su nombre, caminaba lentamente hacia la cocina. La cafetera italiana parecía silbar de alegría ante un nuevo día, y el aroma de café recién hecho inundaba la gélida atmósfera de la habitación cuadrada, que se despertaba en una mañana aún temprana - no eran todavía las 9 - pero ya radiante y luminosa. El zumo D. Simón refrescaba su garganta, y sin embargo sus papilas gustativas transmitían un sabor no acorde a la naranja que consumía, ni tampoco al pan tostado con mermelada de frutas del bosque que aún humeaba en el platito y que le había obsequiado un generoso mordisco. - Será de la resaca de ayer por la noche , tengo la boca pastosa y sólo me sabe a gin de Gordons Schweppes, y la lengua áspera como la de los gatos -.
Sonreía por la ocurrencia, más por el absurdo que por la realidad, entretenido con unas monedas que sobre la encimera sumaban 69 céntimos, mientras que el humeante café con leche parecía solicitar su turno para intentar acabar con ese sabor tan definitivamente indefinido. Y de pronto, al acercarse la taza a la boca, observó la canasta de frutas, y recordó de repente toda la noche , relamiéndose.
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| Foto de Lluis Carro |

