18 de noviembre de 2018

Oscuro LXIX. En Silencio Imploras



Acabo de ser consciente
Aunque pasen horas y horas
Que sigues estando presente
Habitante donde moras.

Acabo de ser paciente
Reposar las voladoras
Alas del placer ardiente
Tras las cuales te enamoras.

Acabo de ser simiente
En el lecho donde exploras
Fingiendo ser inocente
Mientras en silencio imploras.

12 de noviembre de 2018

Reduciendo A Nada La Distancia



Cuando estrenamos algo, siempre hay una porción de ilusión que ayuda a disfrutarlo en todo momento. Digamos por ejemplo una chaqueta para entretiempo, que la mimamos y la cuidamos por combinar para que resalte. No sé, un móvil que incorpora un programa de salud y ejercicio , y toqueteamos continuamente para descubrir qué funciones tienes y qué retos te puedes marcar. Ya no digo nada si disfrutamos de cosas más valiosas y ansiadas, pongamos por ejemplo un automóvil. Sin duda queda para la historia por los kilómetros recorridos y las experiencias vividas.

Yo hace tiempo estrené una casa. Un pequeño apartamento donde soy el presidente de la república independiente y que se amolda a mis necesidades y anhelos. Podría ser más grande, quizá; con mejor orientación, qué duda cabe; e incluso en un lugar con mejores vistas y mayor confort. Pero no me quejo. Siempre me he considerado, y así es, un auténtico afortunado por poder disponer de un espacio íntimo y propio.

Pero hay tesoros que en apariencia no tienen demasiada valía. Mi buzón ( ahora que apenas llegan cartas y los folletos publicitarios se quedan fuera ) presenta mi nombre en un trozo de folio blanco mal partido. No soy experto en grafología pero puede adivinarse un estilo de letra nervioso, pretencioso en su elegancia, descuidado en el uso de las mayúsculas y minúsculas y en el olvido de los acentos. Es característico de su autor  esos adornos que no son ni corchetes ni paréntesis; ni dos puntos ni punto y coma. Pero ahí ponía dedicación y eran significativos. Ponía en su énfasis en su realización.

Desconozco si es muy legible o no. Su usuario principal, el Sr./a cartero no ha equivocado carta alguna. Pensándolo bien ha introducido en el buzón algunas cartas que no vienen a mi nombre. Supongo que mira el piso y la puerta y no se detiene a mirar a quien va destinada. Las prisas a las que estamos sometidos.

Cada vez que yo salgo o entro al portal suelo mirar el buzón, pero no para ver si hay cartas. Me detengo a ver mi nombre y dirección escrito de esa manera tan personal. Automáticamente me recuerda que lo importante es el amor que allí se encuentra redactado, reduciendo a nada la distancia.